De níspero era el árbol de mi infancia. Se erguía solitario en medio del pastizal, bastante alejado de un montecito umbrío y fragante. Mi infancia está impregnada con el olor de la tierra y las hojas, de humus tal vez.
Tenía gran porte, se veía fuerte, su tronco sólido y rugoso terminaba en una copa que se abría generosa en varias ramas, que a la vez se dividían en otras más finas, rematadas con hojas color verde obscuro, revestidas de fina pelusilla. Sus frutos eran amarillos, muy dulces y siempre abundantes. Había que sacar la fina piel con paciencia, meter la fruta jugosa en la boca y por último escupir las semillas. Sin dudas era un árbol generoso.
Con mi hermana íbamos siempre a pasar largas horas entre sus ramas. A cierta edad, las horas y los días son más largos, no hay agendas ni plazos ni medidas. Yo arrastraba conmigo una silla o una escalera, porque el tronco era demasiado alto o yo demasiado torpe para subir trepando, valiéndome solo de mis pies y manos, cosa que Rosa hacía muy bien, para mi envidia de hermana menor.
Supongo que, como estaba solo, lejos del grupo de árboles apiñados que formaban el montecito, se sentía feliz por nuestras frecuentes visitas. Sus ramas cobijaban nuestras conversaciones de niñas. A veces íbamos con muñecas o libros. En ocasiones a cosechar frutas para la mermelada que preparaba mi abuela en su cocina a leña.
Aquél era un árbol en verdad muy bello. Su estampa forma parte de mis paisajes interiores. Hubo otros árboles en mi vida, pero sin duda, ése fue el más querido.
Hoy ya no está. No sé si un rayo lo fulminó o se fue secando de espanto. Así nomás es. Ya no existe mi árbol de níspero, ni mi infancia. A veces extraño sus brazos de madera. Me pregunto si sus raíces aún permanecen bajo la tierra.
Anexo
Mermelada de Nísperos
Usar un kilo de nísperos frescos, ponerlos a hervir en un recipiente grande con 300 gramos de azúcar; cuando comienza el hervor se agregan otros 300 gramos de azúcar y el jugo de un limón, hasta que tome cuerpo y se espese a gusto. Se puede servir frío o más espeso para conservar.
Fuente: ABC Rural
martes, 19 de junio de 2012
jueves, 13 de enero de 2011
Reencuentro
Quiero volver a escribir. Un año y medio sin escribir en el blog, que mal! Las ineludibles responsabilidades que conlleva ser madre de una señorita de meses aun y unos niños pequeños que crecen por día, y el improvisado y siempre malllevado rol de ama de casa desesperada me mantienen lejos del teclado y de los libros también. Empiezo esta mañana desayunando café en mi taza de escritora que me regaló Nanín; tiene todo letras y dice luego Coffee, para ambientarme nomás. Como no le doy al cigarrillo, me hago la película con lo del café. Acompañada de una mosca me senté a desayunar rico, disfrutando de las primeras luces del día y aprovechando que todos duermen. Puse unas flores del jardín en una tacita y tomando así mi café me dije: "Tengo que volver a escribir". Sobre cualquier cosa nomás. No importa que los temas se me compriman en mi rutina diaria, no importa que a veces quisiera salir a ver el mundo, caminar por las calles a buscar sobre qué. Se supone que adentro mío también algo debe haber. A veces veo a través del FB a algunos colegas o amigos y digo: "quisiera estar haciendo esto" pero decir eso es una trampa del Yo siempre insatisfecho, que pensándolo bien, está muy bien que se manifieste. ¿Porqué conformarse?, si finalmente es el deseo lo que nos mantiene en movimiento hacia una dirección, y el movimiento es vida. Despues agarré mi taza literaria y vine frente a la compu, a divagar un poco, total...
Todo el año casi me pasé de mamá,como decía, cuidando a la Srta. Julia V. en especial, por ser más pequeña e indefensa, aunque tengo que decir tiene una salud muy buena si no hay huevos de por medio y un mejor humor cuando no le duele nada, ya está malcriada sin remedio, como los otros.
Dejé mi laburo hace un año ya, convencida de que necesitaba un largo descanso del trabajo, de ir y venir y de los calores infernales del centro, pero ahora extraño mucho la oficina, a don Rómulo que ahora es el jefe, tomar el cafecito a la mañana con él, leer todos los titulares bien temprano y comparar tapas de diarios, extraño calle Palma de vida incesante y manifestaciones y batucadas, a la Jefa máxima y a los compañeros, a los colegas y hasta a la vívora de dos cabezas.
En realidad aún no termino de organizarme para volver a trabajar, pero este año, como es nuevito, se merece nuevos objetivos y esperanzas. A corto plazo está aprender a manejar, tarea siempre pendiente, (no sé para qué si no tengo auto, ya conseguiré quien me preste), quiero adquirir esa habilidad que es una deuda pendiente conmigo misma , y una frustración que me quiero quitar de encima. A mediano plazo, quiero terminar mi tesina ya de una vez, porque la vengo aplazando, aplazando y ya no puede ser, tengo que terminarla. Lo expongo en el blog como refirmación de esta meta que va a ser la meta del año, el objetivo máximo, el gran desafío. Y sé que al finalme va a encantar hacerla, porque adoro mi carrera y espero volver pronto.
PD: Ya lleva dos años mi relación con Nanín, también E.V, y sigo enamorada del humo de sus labios, aunque ya debería dejar de fumar.
Ya se despertaron...
martes, 2 de junio de 2009
Asunción 10 º C
Dan ganas de quedarse en la cama dentro del edredón como en un capullo. Supongo, imagino que nos remite a ese rincón anhelado-paraíso perdido que es el útero materno, donde permanecemos intocados a todo dolor y todo peligro (a veces).
Pero el tiempo no se detiene congelado por el frío y el reloj despertador no perdona (el reloj en general no perdona). El sol- menos mal hoy salió- se levanta en el cielo todavía cubierto por nubes despedazadas y el frío matinal cede un poco según pasan las horas, según avanzan los rayos de ese sol lejano e indiferente temporada otoño-invierno.
La vida nos reclama que dejemos de tributo esas horas laborales que a veces bien y a veces mal; la Municipalidad y Tributaciones nos exigen otro tanto, recibir, dar - dar recibir, pagar, mientras caemos en la trampa de Visa o Mastercard y quedamos atrapados en la rueda de la sociedad consumista de Bienestar. HAY QUE hacerse cargo de las milyuna responsabilidades que se nos impone todos los días como moneda de cambio por la libertad ilusoria que se nos otorga al cumplir dieciocho cuando podemos empezar a equivocarnos (perdón, tomar decisiones)a cuenta propia para gran regocijo de los demás que también se equivocaron y ahora sonríen con placer cuando ven a alguien metiendo y fracturándose la pata.
Mientras el mundo gira al ritmo del reloj y los portales de noticias se renuevan minuto a minuto con escándalos y tragedias; Se encontraron pequeños vestigios del avión desaparecido en el Atlántico; es un día de inútil espera y de horror para los familiares de los naúfragos. En Paraguay los niños atropellados por los omnibus quedan mutilados; los ruedas les pasan sobre pies y piernas, llevándose sus sueños de fútbol y pelotas por delante. La gripe A H1N1 ya permeó las fronteras del país cual vulgar cargamento de contrabando y se coló en un colegio caté de Asunción, de monjas, cuándo no. Dentro de poco estaremos todos en las calles con barbijos y ya no nos paseremos las manos, y se desterrará para siempre la ronda del tereré y también esa costumbre de la mateada compartida en las mañanas, y nos miraremos con desconfianza unos a otros, desterraremos a aquellos que tosan o estornuden, nos alejaremos de las aglomeraciones humanas, del aliento ajeno, de la presencia extraña. Menos mal existe la red.
Especialmente habrá que tener cuidado en los omnibus, esos monstruos que se comen a la gente y escupen funcionarios y empleados que luchan y se destazan moralmente para sobrevivir un día más, una semana más, otro mes, y así sucesivamente hasta que ese collar de insatisfacciones se vuelven años y los años se transforman en tu vida.
La opción es la calle, y en la calle hace frío y se pasa hambre, los pies descalzos de los niños dan pasitos sobre el asfalto húmedo, piecitos helados que a veces son atrapados por los dientes de monstruos-colectivos que pasean en la ciudad cargados de autómatas inmóviles que repentinamente mueven un brazo, parpadean, o sonríen perdidos en algún pensamiento inconfesable en medio del tufo de alientos y dasalientos, y muy ocasionalmente, alguien cede el asiento a una señora con un bebé en brazos, lo cual nos permite seguir creyendo en la bondad del ser humano.
La vida palpita en las calles, en esos pies descalzos, en el ojo que parpadea, en el niño que duerme en brazos de su madre. También en los colegios de monjas y en los hospitales donde se la pelea palmo a palmo.
Y en una oficina color ocre ( medio-ocre, quizá) sin ventanas a la calle, donde unos dedos entumecidos de frío teclean teclean tratando que la sangre circule por esos dedos que arañan la vida, o solo la acarician.
Pero el tiempo no se detiene congelado por el frío y el reloj despertador no perdona (el reloj en general no perdona). El sol- menos mal hoy salió- se levanta en el cielo todavía cubierto por nubes despedazadas y el frío matinal cede un poco según pasan las horas, según avanzan los rayos de ese sol lejano e indiferente temporada otoño-invierno.
La vida nos reclama que dejemos de tributo esas horas laborales que a veces bien y a veces mal; la Municipalidad y Tributaciones nos exigen otro tanto, recibir, dar - dar recibir, pagar, mientras caemos en la trampa de Visa o Mastercard y quedamos atrapados en la rueda de la sociedad consumista de Bienestar. HAY QUE hacerse cargo de las milyuna responsabilidades que se nos impone todos los días como moneda de cambio por la libertad ilusoria que se nos otorga al cumplir dieciocho cuando podemos empezar a equivocarnos (perdón, tomar decisiones)a cuenta propia para gran regocijo de los demás que también se equivocaron y ahora sonríen con placer cuando ven a alguien metiendo y fracturándose la pata.
Mientras el mundo gira al ritmo del reloj y los portales de noticias se renuevan minuto a minuto con escándalos y tragedias; Se encontraron pequeños vestigios del avión desaparecido en el Atlántico; es un día de inútil espera y de horror para los familiares de los naúfragos. En Paraguay los niños atropellados por los omnibus quedan mutilados; los ruedas les pasan sobre pies y piernas, llevándose sus sueños de fútbol y pelotas por delante. La gripe A H1N1 ya permeó las fronteras del país cual vulgar cargamento de contrabando y se coló en un colegio caté de Asunción, de monjas, cuándo no. Dentro de poco estaremos todos en las calles con barbijos y ya no nos paseremos las manos, y se desterrará para siempre la ronda del tereré y también esa costumbre de la mateada compartida en las mañanas, y nos miraremos con desconfianza unos a otros, desterraremos a aquellos que tosan o estornuden, nos alejaremos de las aglomeraciones humanas, del aliento ajeno, de la presencia extraña. Menos mal existe la red.
Especialmente habrá que tener cuidado en los omnibus, esos monstruos que se comen a la gente y escupen funcionarios y empleados que luchan y se destazan moralmente para sobrevivir un día más, una semana más, otro mes, y así sucesivamente hasta que ese collar de insatisfacciones se vuelven años y los años se transforman en tu vida.
La opción es la calle, y en la calle hace frío y se pasa hambre, los pies descalzos de los niños dan pasitos sobre el asfalto húmedo, piecitos helados que a veces son atrapados por los dientes de monstruos-colectivos que pasean en la ciudad cargados de autómatas inmóviles que repentinamente mueven un brazo, parpadean, o sonríen perdidos en algún pensamiento inconfesable en medio del tufo de alientos y dasalientos, y muy ocasionalmente, alguien cede el asiento a una señora con un bebé en brazos, lo cual nos permite seguir creyendo en la bondad del ser humano.
La vida palpita en las calles, en esos pies descalzos, en el ojo que parpadea, en el niño que duerme en brazos de su madre. También en los colegios de monjas y en los hospitales donde se la pelea palmo a palmo.
Y en una oficina color ocre ( medio-ocre, quizá) sin ventanas a la calle, donde unos dedos entumecidos de frío teclean teclean tratando que la sangre circule por esos dedos que arañan la vida, o solo la acarician.
martes, 19 de mayo de 2009
Resurrecciones
Sus letras me hicieron compañía en la hora del amor y el desamor, cuando las contradicciones no encontraron palabras a su desasosiego (Tengo miedo de verte, necesidad de verte, esperanza de verte / Y aunque la noche pase y yo te tenga y no).
Sin embargo aprendí la mejor Táctica y estrategia para el amor en la límpida sencillez de sus versos. (aprender como sos, aceptarte como sos). Un tratado de psicología no podría explicarlo mejor que estas dos líneas de Benedetti.
A su himno Defensa de la la alegría lo hice mío. Mi trinchera. Mi certeza. Mi bandera.
Defender la alegría como una trinchera
defenderla del escándalo y la rutina
de la miseria y los miserables
de las ausencias transitorias
y las definitivas.
Quién hubiera dicho
que estos poemas de otros
iban a ser míos.
Benedetti.
Un poeta no muere, porque resucita en su poesía.
Sin embargo aprendí la mejor Táctica y estrategia para el amor en la límpida sencillez de sus versos. (aprender como sos, aceptarte como sos). Un tratado de psicología no podría explicarlo mejor que estas dos líneas de Benedetti.
A su himno Defensa de la la alegría lo hice mío. Mi trinchera. Mi certeza. Mi bandera.
Defender la alegría como una trinchera
defenderla del escándalo y la rutina
de la miseria y los miserables
de las ausencias transitorias
y las definitivas.
Quién hubiera dicho
que estos poemas de otros
iban a ser míos.
Benedetti.
Un poeta no muere, porque resucita en su poesía.
sábado, 16 de mayo de 2009
Entre sueños
Me dijo que hablo mientras duermo... tengo miedo.
De que por mi boca se suelten los deseos que columpio en mis sueños. Que salgan disparados y revienten contra el suelo. Y sangren por la nariz. Y se les caigan los dientes.
Que vuelen las palabras llevándose oscuros anhelos. Que salgan corriendo, que sean alcanzados por los cazadores de sueños que durante el día disparan, disparan, disparan. Que se publiquen en el Popu mis secretos.
O que se escape por la boca mi alma y se evapore en el aire acondicionado de la habitación en donde duermo.
De confesar los pecados no cometidos, delatar a los monstruos que viven en mí, las debilidades de la carne o del espíritu, el grito que duerme en las recónditas profundidades del subconsiente. Bailes y carnavales, cantos y cuentos. Me dijo también que a veces me río entre sueños.
A veces hablo mientras sueño. Cuando sueño muerdo la carne de la vida y sangra. Sufro de bruxismo.
Tengo miedo, porque cuando abro los ojos, a veces, no recuerdo.
Y un estremeciento recorre mi sistema nervioso cuando cierro los ojos. Cuando cierro los ojos, y me entrego al sueño, como a la muerte el que agoniza.
A veces grito.
De que por mi boca se suelten los deseos que columpio en mis sueños. Que salgan disparados y revienten contra el suelo. Y sangren por la nariz. Y se les caigan los dientes.
Que vuelen las palabras llevándose oscuros anhelos. Que salgan corriendo, que sean alcanzados por los cazadores de sueños que durante el día disparan, disparan, disparan. Que se publiquen en el Popu mis secretos.
O que se escape por la boca mi alma y se evapore en el aire acondicionado de la habitación en donde duermo.
De confesar los pecados no cometidos, delatar a los monstruos que viven en mí, las debilidades de la carne o del espíritu, el grito que duerme en las recónditas profundidades del subconsiente. Bailes y carnavales, cantos y cuentos. Me dijo también que a veces me río entre sueños.
A veces hablo mientras sueño. Cuando sueño muerdo la carne de la vida y sangra. Sufro de bruxismo.
Tengo miedo, porque cuando abro los ojos, a veces, no recuerdo.
Y un estremeciento recorre mi sistema nervioso cuando cierro los ojos. Cuando cierro los ojos, y me entrego al sueño, como a la muerte el que agoniza.
A veces grito.
jueves, 19 de marzo de 2009
BAires II Avenida Santa Fe
Fue un viaje de luna de miel. Fui allá con Eduardo, mi amor, mi pareja. Suena raro, pero sí, mi pareja, o el más paraguayo "mi compañero". Y yo que me había vuelto escéptica, que creía que la convivencia es imposible y el amor una vana ilusión fugaz. Es dulce eso, tener a alguien. Alguien con rostro y voz, nombre y apellido. Caminar con él de la mano e ir descubriendo calles, lugares, momentos. Sacar fotografías que forman la memoria de una historia de amor. Entonces la vida se vuelve suave.
Avenida Santa Fe fue la primera que recorrimos. Me gustó el paisaje urbano bonaerense; los coloridos puestos de flores en las veredas, los balconcitos con flores, las vidrieras que te hipnotizan, los cafés y heladerías en cada esquina, la gente caminando. Se camina mucho allá. Lo cual me parece bien, porque las ciudades se conocen mejor desde la calle, desde la gente.
Sobre Santa Fe están las bocas de entradas de una línea del subte (viajé en subte, súper!) y también del Shopping Alto Palermo, que -me dijo E.V- fue el primero de la ciudad y que empezó a cambiar las costumbres de los bonaerenses. Por cierto, este centro comercial está atravesado por la calle Arenales y le hace un túnel encima. Curioso. Patrullaje de reconocimiento, foto en el balcón del shopping con paisaje urbano de fondo, y almuerzo, por supuesto; la muy célebre carne argentina.
A la tardecita fuimos al Ateneo, sobre la misma avenida. Impresiona el edificio que alguna vez fuera el cine teatro Gran Splendid, convertido en librería desde el año 2000; magníficos los palcos, la cúpula y todas las exquisiteces arquitectónicas que dan un marco majestuoso a los miles o millones de libros -inabarcables- que tientan y esperan en sus estantesa a las manos precisas que los hojeen y descubran. Dicen que es la segunda librería más bella del mundo, y ya forma parte del circuito turístico de la ciudad. E.V compró Ojos Azules, la última novela de Pérez Reverte, y otros títulos, después fuimos a sentarnos en el cafecito del escenario, ahí nomás vimos que se hacía Lectura de la Borra del café, por un tal Diego Seferian. El tipo habló mucho y bien, me dejó helada con un dato exacto, varias acertadas y me tiró mucha buena onda.
Me dijo que me llego el amor y que me van a pasar muchas cosas buenas. Y yo le creo.
martes, 17 de marzo de 2009
BAires I
Lo del avión siempre es fantástico, al menos para mí. Me gustan los aeropuertos desde la infancia, cuando mi tía Ana María llegaba a Paraguay proveniente de Venezuela, cargada de maletas llenas de regalos y curiosidades, envuelta en un perfume maravilloso y un aura de celebridad familiar.
El despegue me dió una sensación levemente orgásmica, aunque esta vez casi me reventaron los oídos al aterrizar. El vuelo fue tranquilo, y oídos aparte, placentero, sobre todo por el caballero sentado a mi lado. Llevé una lectura ligera -El camino del encuentro, de Bucay-; por supuesto no leí una sola página.
Me impresionó Buenos Aires ya desde el aire, esa red densa, cuadriculada y ordenada de luces que se extiende abajo hasta donde la vista puede abarcar.
Tenía una extraña sensación de normalidad. Como si estuviese acostumbrada a viajar en avión desde siempre. No sentía el latido acelerado de la emoción, sobre todo considerando que era mi tercer vuelo y que desde hacía un tiempo conocer BAires y transitar sus calles era un sueño largamente acunado y acariciado.
Buenos Aires era mi París, más posible y cercano.
Llegamos a eso de las diez de la noche, al bajar las diferencias ya eran notorias desde el aeropuerto, nuestro Silvio Petirossi es minúsculo y obsoleto comparado con Ezeiza. Las comparaciones son odiosas, dicen, pero inevitables. Aun así I love PY
Taxi lindo, negro y amarillo, taxista informado, autopista Riccieri de varios carriles, intersecciones, puestos de peajes, rotondas, edificios, luces, por la 9 de julio, el Obelisco a lo lejos, semáforo en rojo, luz verde, flashes de fotos, hija de mil, al fin Buenos Aires!!!
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